21.6.11

Y así recibí al verano.


 Un bicho llegó a mi garganta, le cambió el color y se instaló ahí.
Tuve que dejar la oficina, el sol latigueaba a todos, calor y más calor, pero yo seguía temblando y sudando. Me dormí por un par de horas, me despertaron los ladridos de los perros, sentía tanto dolor que supuse que me iba a morir, espantoso todo. 

Y ya, desperté hoy en la mañana con la garganta en llamas y un bonito 39 en el termómetro.
Llegué débil y ojerosa, soporté a un par de políticos que olían a perfume mezclado con halitosis, me reí de un par de chistes que estaban lejos de ser chistosos y ahora estoy sentada en algún sillón de algún lobby, esperando una reunión que si promete. 

No hay peor viaje que los sueños afiebrados